LOS JÓVENES, LA FE Y EL DISCERNIMIENTO VOCACIONAL

Eunan McDonnell

Por favor, sea lo más franco posible: a los superiores les gusta que los reten… si, desde su experiencia, quiere ayudarnos a percibir cómo los jóvenes están interpelando a los religiosos a que seamos signos e instrumentos que los ayuden a descubrir su vocación en la Iglesia, cualquiera que sea la dirección que pueda tomar, y para ayudar la Iglesia y a nosotros a que re-descubramos nuestras vocaciones.

Me he tomado al pie de la letra este consejo de la USG, y espero plantear muchas preguntas más que ofrecer respuestas, pero preguntas que han surgido de mi experiencia de acompañar a jóvenes y que puedan provocar reflexión y discusión. Como es obvio, mi experiencia es limitada, y hablo desde un cierto contexto cultural y la tradición salesiana, pero la realidad de esta experiencia trasciende la situación particular y puede plantear preguntas que son universalmente válidas para la cultura secularizada y secularizadora en la que hoy vivimos. Para facilitar esta reflexión quisiera proponerles el encuentro con el texto de Lc.19, 1-10 como marco posible para explorar los temas de la fe, del acompañamiento vocacional y del discernimiento con los jóvenes. Sin embargo, antes de hacer esto, debo decir lo que es el fundamento esencial de cualquier llamada vocacional:

Déjate amar por Dios[1]

Estas palabras de santa Isabel de la Trinidad encierran la vocación primordial de toda persona. Cada opción vocacional es una respuesta que se desprende de esta realidad de ser amados por Dios. Como nos recuerda el discípulo amado, no se trata de nuestro amor por Dios, sino en que él nos amó primero (1 Jn.4, 10). De aquí que los Evangelios sean, como dice el Papa Emérito Benedicto XVI, una ‘historia de amor’, la historia de Dios que busca su amor perdido, el mayor idilio posible.[2]

Antes de hacer cualquier cosa para Dios, somos llamados a dejarnos amar por Dios que con su amor nos da la vida natural (la creación) y la vida sobrenatural (el bautismo) por el cual participamos en la vida del Hijo mientras el Espíritu de Amor se derrama en nuestros corazones (Rm.5,5).  Al entrar en nuestro Castillo Interior y al pasar por varias mansiones hasta nuestro más profundo centro, nos hacemos conscientes del Dios que mora en nosotros (Santa Teresa de Ávila).  Nuestro corazón es ‘el paraíso de Dios’[3] (San Francisco de Sales) porque somos ‘su morada y su habitación secreta y su lugar escondido (San Juan de la Cruz)… [nosotros] no podemos ser sin él. Mira, exclama la esposa, el reino de Dios está en ti.”[4]  Así que uno de los requisitos básicos del acompañamiento espiritual es pues, que no llevemos a los jóvenes a un Dios ausente, sino más bien que caminemos con ellos en su descubrimiento del Dios que tiene ya su morada en su corazón. Esto supone, como es natural que el acompañante o director spiritual haya recorrido ya este camino en su propio corazón para poder caminar con el/la joven en su descubrimiento de la presencia de Dios.  

Cualquier vocación es, pues, una vivencia de este misterio expresada de manera muy sucinta en la máxima salesiana: ¡Viva Jesús!  Y en esto consiste nuestra vocación bautismal por medio de la cual nos hemos incorporado a Cristo.  ‘Toda nuestra vida consiste en hacer viva esta realidad. Cada día debemos devenir un poco más aquello que ya somos por el bautismo y que Jesús es por naturaleza: un Hijo de Dios’[5]. Como lo expresa Santa Isabel de la trinidad, ‘Espíritu de Amor… crea en mi alma una especie de encarnación del Verbo: para que yo pueda ser otra humanidad de Jesús en la que Él pueda renovar todo su Misterio.’[6]

La corriente que hace avanzar la vida religiosa es justamente el hecho de que nuestra vida es fruto del amor (arcaeológico) y estamos destinados a amar (teleología), todo ello ejemplificado en el principio y fundamento ignaciano (Los Ejercicios Ignacianos) p el monástico reditus ad cor. Como lo manifiesta Jean Marie Howe:

El camino hacia casa es un camino del corazón. La vida monástica es un dedo que apunta hacia lo interior, que indica el camino hacia el centro más profundo, el yo verdadero: el camino del reditus ad cor.  Cuando volvemos al corazón, volvemos a nosotros mismos; aseguramos como nuestro el panorama interior del corazón. La vida monástica es esencialmente un proceso que consiste en despertar el corazón dormido, liberando la vida dentro de nosotros, y siguiendo su guía.[7]

Éste es una de las principales metas de la dirección spiritual: hacer que los jóvenes reconecten con el centro de su ser, su corazón para que hagan opciones y tomen decisiones desde allí. Reconociendo quiénes son como seres amados por Dios, pueden descubrir el don que habita en lo más profundo de su ser como un llamado de servicio al mundo.

Esta intuición está escondida en la palabra misma ‘vocación’, cuya raíz viene del latín ‘voz’. Vocación no quiere decir un objetivo que persigo. Significa una llamada que oigo. Antes de decir lo que quiero hacer con mi vida, debo escuchar mi vida para decir a mí mismo quién soy.’[8]

Si el/la joven vive desconectado/a de su corazón corre el riesgo de seguir un ideal noble que es irreal y que es una distorsión de su verdadero ser. ‘Terminará viviendo desde fuera a dentro, y no desde dentro a fuera […] Es posible que la suya sea una forma de vivir noble, pero que no sea su propia vida, sino una vida imitando a héroes en lugar de escuchar su corazón.’[9]  El camino hacia el corazón es el camino hacia el verdadero ser donde descubrimos a Dios que mora en nosotros, noverim me, noverim te (San Agustín). Como nos lo recuerda San Ireneo, damos Gloria a Dios al devenir la persona que Dios ha creado que seamos. Dentro de esta tradición, san Francisco de Sales escribe ‘seamos aquello que somos y seámoslo bien para hacer honor al gran Artista del cual somos obra.’[10]  A otro correspondiente escribe de forma más elocuente todavía: ‘No sembréis vuestros deseos en jardín ajeno, sino cultivad bien el vuestro. No queráis ser lo que no sois, sino desead, más bien, ser con perfección lo que sois… Creedme, esta es la palabra clave, y la menos entendida, en la dirección espiritual.’[11] Esta recomendación es particularmente importante para jóvenes que se encuentran en las tribulaciones del desarrollo humano y espiritual. Si el/la joven vive desconectado/a de su corazón, o de su más profundo centro, probablemente buscará una fuente externa o tendrá la tentación de imitar a otros. ‘Sé quién eres’ encierra la llamada a devenir la persona que Dios te ha creado a que seas con la admonición que la acompaña y que dice ‘no añores ser lo que no eres’.  El papel del acompañante espiritual consiste en sacar esta potencial del joven e ‘impedir’ todo aquello que puede perjudicar su desarrollo.  Aun siendo verdad decir con San Francisco de Sales que cada joven es una obra maestra de Dios,[12] el ápice de la creación[13] y ‘una obra de arte’,[14] también es verdad decir que cada joven es una ‘obra de arte incompleta’. Caminando con el/la  joven, para ayudarle a tomar opciones que reflejen su bondad interior, el acompañante espiritual se compromete activamente con él/ella en la obra creativa de Dios.   

  1. Entró en Jericó y la fue atravesando cuando un hombre llamado Zaqueo intentaba ver quién era Jesús. (Lc 19,1-2)

Jesús atraviesa la ciudad, en otras traducciones se hace hincapié en la idea de Jesús que ‘pasa por’ Jericó. Así que no es su intención quedarse, pero se queda en respuesta al deseo que tiene Zaqueo de encontrarle.  Jesús nos confronta de inmediato con la espiritualidad de la interrupción – y bien sabemos que cuando nos involucramos con la juventud a menudo seremos llamados a dejar de lado nuestros planes para responder a las necesidades de los jóvenes. Ellos no actúan según nuestros horarios y esto supone una verdadera ascesis de nuestra parte para estar abiertos y a disposición del/de la joven.  En la mayoría de los casos los jóvenes no se acercan a nosotros para tener una dirección espiritual, sino más bien para que los ayudemos a resolver algunos problemas o dificultades que están teniendo en ese momento. Por consiguiente, el comienzo del camino acontece en situaciones informales en las que el director espiritual y el/la joven están ocupados en otras actividades que no están directamente relacionadas con la dirección espiritual. Con el tiempo, los encuentros pueden llegar a ser más formal, espaciados con regularidad y hasta determinado por citas.  

En un primer momento, puede parecernos que estamos perdiendo el tiempo, pero debemos dar por seguro que esa ‘pérdida de tiempo’ es esencial para que el/la joven crezca en confianza. En la medida en que la relación se va desarrollando a menudo nos preguntan por qué hemos elegido este estilo de vida.  Y a menudo estas preguntas enmascaran su  búsqueda del camino que deberían seguir. Debemos dejarnos cuestionar por los jóvenes – y estas cuestiones pueden ser muy incómodas para nosotros. Si nuestra forma de vida es demasiado inaccesible al/a la joven, nos protegemos de ser cuestionados y desafiados por ellos. Y realmente no es esto lo que subyace a la llamada del Papa Francisco quien nos invita a ser ‘pastores que huelen a ovejas’[15]  y “a abrir nuestras puertas; de ese modo, si alguien quiere seguir una moción del Espíritu y se acerca buscando a Dios, no se encontrará con la frialdad de unas puertas cerradas”.[16] Podemos comprometernos con los jóvenes en diversas actividades, pero ¿acaso no nos separamos de ellos cuando vamos a la oración de comunidad? ¿En qué medida nuestra oración comunitaria es accesible a los jóvenes?

Aunque empecemos pensando en lo que preocupa al/a la joven, en la medida en que el diálogo se va desarrollando el problema del momento asume menos importancia al empezar a explorar lo que Dios le está diciendo a través de esa situación de vida. A menudo, en el centro de su insatisfacción, de su descontento, de su frustración o dilema está la desconexión con su corazón. Esto puede parecer extraño, pero a menudo es verdad que podemos vivir lejos de nosotros mismos. Nos sentimos incómodos con el Dios que mora en nosotros porque nosotros no tenemos morada. Y esto es particularmente cierto en los casos de jóvenes adultos que se sienten tan presionados por sus coetáneos hasta al punto de tener que vivir las expectativas de otros. Puede que haya una tendencia demasiado humana en buscar la aprobación de los demás ‘por temor de cómo los demás nos ven, deseando evitar su juicio o pidiendo su admiración.’ Lograremos alcanzar realmente la libertad interior solo en la medida en que empecemos a aprender a mirarnos como Dios nos mira en su Hijo, ‘bajo la mirada amorosa y misericordiosa del Señor.’[17]

Desconectado/a de su propio corazón, sin este refugio interior, el/la joven se encuentra a la deriva en el mar de la vida, y acaba por perderse. Y esto lo vemos en particular en el área de las relaciones humanas. El/la joven en busca de amor, a menudo se contenta con menos, y se acomoda a los deseos de otra persona, porque necesita ser amado/a. Por consiguiente, se encuentra atrapado en una relación que no le da felicidad o tiene la sensación de ser utilizado/a y es así que sale herido/a de la experiencia.  Cuando las relaciones son problemáticas, en la dirección espiritual el punto focal ha de ser qué nos está diciendo Dios a través de esta relación. ¿Qué me está revelando acerca de mi corazón? ¿Estoy buscando mi gratificación personal, se me está pidiendo que me trascienda a mí mismo/a para el bien del/de la otro/a, me siento llamado/a a la tolerancia, a la paciencia o al perdón? El punto focal sobre lo que Dios está diciendo en y a través de esta relación es lo que distingue la dirección espiritual del acompañamiento psicológico, o de otras relaciones de ayuda.[18]

  1. Zaqueo intenta ver a Jesús; era el jefe de recaudadores y muy rico (Lc 19,2)

A pesar de su riqueza, Zaqueo queda insatisfecho. Y esto le pasa también al/a la joven de hoy en una cultura que a menudo aplaza cuestiones más profundas, sobre todo relativas al compromiso, y alienta el Síndrome Oréal, es decir el embellecimiento de la propia imagen, la acumulación de la riqueza y el pasarlo bien porque ¡“Valgo la pena!”. ¿Dios está llamando a menos personas hoy, o es hoy más difícil oír su llamada?  Con todas las voces competitivas que emanan de nuestra cultura, de los medios sociales, de internet y con una clara aversión al silencio, ¿cómo es posible oír el susurro de su brisa suave en nuestro corazón?  Como escribe Padre Pascual Chavez:

Hoy los jóvenes viven en un ambiente que difícilmente favorece la vida spiritual. Están inmersos en una cultura de consumismo y de lucro, de placer personal y de satisfacción inmediata de sus deseos. Por otro lado encontramos a adolescentes y a jóvenes que buscan una vida interior, que intentan descubrir su propia identidad y que se abren a la búsqueda de una experiencia del Trascendentes.”[19]

Vivimos en un mundo donde los valores religiosos a menudo no concuerdan con lo que se promueve y la gente se describe a sí misma como ‘espiritual pero no religiosa’. Esta manera de entender lo espiritual nos dice que hay una realidad más profunda que lo material y, sin embargo, hasta lo espiritual es una noción ambigua que a menudo alimenta un cierto narcicismo. Al contrario de la religión, que es relacional y orientada hacia la comunidad, la espiritualidad como cualquier otro ‘producto’ allí está para que yo me sienta mejor.  

Vivimos en un mundo rápido, secularizado y secularizador, del que la vida consagrada no está inmune.  M.P. Gallagher sostiene que en este milenio la apatía se ha convertido en el tipo dominante de descreencia, no solamente en Irlanda, sino en todo el mundo occidental.  Hay una nueva generación de ‘jóvenes bautizados cuyas experiencias formativas con la religión o la Iglesia son tan sutiles como no existentes’ y para quienes ‘Dios ha desaparecido, pero nadie le echa en falta.’ [20] Quienes se toman en serio el camino de fe a menudo se sienten aislados y abandonados al presenciar como su Iglesia se va ‘encaneciendo y envejeciendo’.[21] Hoy los jóvenes son “herederos de una condición ‘modernista’ que ha experimentado la muerte de Dios, el derrumbe del cristianismo, y la perdida certeza de la verdad.” Generaciones anteriores trataron de eludir el sentido de cataclismo ignorándolo, ocupándose con los asuntos de la vida, o diciéndose a sí mismos que las cosas van mejorando todo el tiempo.”[22]

David Walsh ofrece un análisis interesante de cómo ‘la revuelta contra Dios y la correlativa divinización de la humanidad no son fenómenos puramente modernos (Voegelin), sino el punto final de un proceso que se ha ido desplegando en la civilización occidental desde el colapso de la síntesis medieval de órdenes espirituales y temporales. Todo el proceso de secularización, por consiguiente, no es tanto la remoción de lo sagrado sino “la absorción de los sagrado en el ser humano, a través de experiencias gnósticas en cuanto a que son una expansión del alma al punto donde Dios es atraído a la existencia de hombre.’[23]  No tenemos necesidad de Dios porque yo me he vuelto Dios. Esto ocurre porque se ha eliminado la alteridad de Dios lo cual conduce a una fusión de las esencias humanas y divinas, abrogando al mismo tiempo la trascendencia de Dios y prescindiendo de mi status de criatura. Esto es particularmente evidente en el fenómeno de la espiritualidad del New Age, de la que la vida religiosa no ha sido inmune. Debemos interrogarnos y preguntarnos: esta falsa espiritualidad ¿ha remplazado una espiritualidad auténticamente evangélica en la formación de jóvenes religiosos/as? En su deseo de ser relevante, la vida religiosa ¿ha buscado lo que es nuevo y novedoso y ha prescindido de lo que es esencial? ¿Ha habido una sicologización del Evangelio? En el avance hacia el desarrollo y la formación holísticos, lo espiritual ¿ha sido reemplazado por lo psicológico? Planteo estas preguntas porque nos conducen a una cuestión que es importante: ¿Con qué estamos alimentando a la juventud?

“Dadles vosotros de comer” (Mc 6:37)… Los jóvenes están hambrientos. Al igual que la mujer junto al pozo que quedó insatisfecha a pesar de haber bebido del pozo de muchas relaciones y, sin embargo, sigue en búsqueda, sigue añorando el ‘agua viva’ (Jn.4, 14). Hay sed en el espíritu humano que se apagará solo con Dios. El rechazo o el descuido de las prácticas católicas tradicionales entre los jóvenes y el viraje hacia otras espiritualidades, sigue apuntando hacia esta sed inherente del ser humano.  El NSYR (Estudio Nacional de Jóvenes y Religión) revela la fe de los jóvenes hoy, junto con las prácticas y las creencias de los adolescentes y sus padres.[24] La conclusión no es sorprendente:  “Las religiones actualmente dominantes entre los adolescentes de EE.UU  son las que se centran en buenos sentimientos, en la felicidad, en la seguridad y en estar en paz… que hablan de alcanzar un bienestar subjetivo, de ser capaces de resolver sus problemas, y tener un trato amistoso con los demás.”[25] Al reflexionar sobre esto, Kenda Creasy Dean argumenta que ‘las Iglesias parecen haber ofrecido a los jóvenes una especie de “teología comedor”, una religión barata negociable pero que satisface, y cuyos dioses piden poco en lo que a la fidelidad y al sacrificio se requiere,  una religión más fácil de digerir que ‘el dar la vida por los demás’… La importancia de ser amable, sentirse bien de cara a uno mismo, y tener a Dios para las emergencias.[26]  La imagen operativa de Dios en esto es la de un Dios mayordomo, salvavidas, que mira desde los márgenes hasta que se le llama, que escucha sin juzgar, ayudando a la juventud a sentirse a gusto consigo misma.  ‘A la mayoría de los adolescentes no les preocupaba el fallarle a Dios. Ya que este Dios pide muy poco, los adolescentes son libres de investir muy poco. Y todo es felicidad.’[27] Desde la experiencia personal con los jóvenes, quisiera añadir que esta forma de deísmo terapéutico moralista se puede resumir en la frase: Dios nos ama incondicionalmente. Aprendemos de la Escritura que el amor eterno de Dios no cambia (Jm.1:17), que es un amor inquebrantable (Sl.136), fiel (Dt.7, 9), pero ¿se presenta este amor como un amor incondicional?  ¿Viene esto de la Escritura o es algo que ha sido trasladado de la psicología a la espiritualidad en el sentido de una mirada positiva incondicional? Si, en el pasado, hemos sufrido por causa de una mentalidad jansenista que nos infundía un temor no santo de Dios, él péndulo ¿está oscilando hoy en día hacia el otro lado? A veces, el estar alimentado habitualmente del amor incondicional de Dios se convierte para el/la joven en suponer que no importa lo que hagas, Dios te seguirá amando siempre.  El amor evangélico ¿exige algo de nosotros? Contar hoy en día la historia cristiana nos supondrá afrontar “una crisis de credibilidad”.[28]  Los tiempos que cambian han dejado a algunos sentimientos desentonados con el mundo de los jóvenes. ¿Cuántos de nosotros somos ahora tan seculares como el mundo que nos rodea? ¿Hemos optado por vivir una forma de mediocridad que carece de energía y reto? ¿Nos hemos vuelto super activos?[29]

  1. Intentaba ver quién era Jesús…pero a causa del gentío (Lc 19,3)

Al igual que Zaqueo, esta ansiedad del corazón nos lleva a rechazar lo finito como un lugar de descanso porque el espíritu humano está hecho por lo infinito.  Y sin embargo, este movimiento hacia adelante puede ser fácilmente corto-circuido por la ‘multitud’.  Nuestra vivencia de la vida consagrada ¿testimonia siempre esta sed por lo trascendente o nos hemos vuelto muy confortables y asentados por menos? ¿Sería una acusación en contra de nuestra forma de vida el desempeñar este función de la multitud impidiendo a un/a joven que se encuentre realmente con Jesús?   

Hoy en día los jóvenes nos están llamando de nuevo a ser mujeres y hombres de oración. No les impresiona lo que hacemos porque ven muchas organizaciones seculares que hacen una labor semejante a la nuestra, quieren saber por qué hacemos lo que hacemos. ¿Ven en nosotros hombres y mujeres que “ponen de lado” la oración personal, diciendo que debemos buscar a Dios en la humanidad; y al buscar a Dios, hemos abandonado a Dios?”[30]  De muchas maneras Dios está desapareciendo o se le está eclipsando de nuestro mundo. Nosotros tenemos la tarea de volver a poner a Dios en una conversación normal. No quiero decir con esto que debemos necesariamente hablar de Dios, pero sí testimoniar a Dios para que nuestro estilo de vida provoque la cuestión sobre Dios. Los jóvenes quieren responder a la pregunta que Jesús ha hecho a sus discípulos: ¿Quién dicen que soy? (Mc 8,29). Quieren saber si tenemos una relación con el Dios vivo y, si la tenemos, cómo esta relación impacta nuestro estilo de vida, nuestras opciones, nuestras decisiones, etc.  

Señor, enséñanos a orar (Lc 11,1) El testimonio de Jesús unido a la comunión de amor con su Abba-Padre despierta súbitamente el hambre de oración en los corazones de sus discípulos. Nuestra forma de vida ¿evoca una respuesta similar entre los jóvenes? Sobre todo para las congregaciones que están involucradas en el ministerio activo, la oración ¿es un valor real para ellas o un valor nocional?[31] Hablando como salesiano, creo que nuestra herejía fundamental es que miramos a Don Bosco y tratamos de imitar la labor que hizo, sin tener la unión con Dios que él tuvo. A menudo, somos sencillamente activos, mientras que para Don Bosco su labor fluía de su relación con Dios (éxtasis de acción).  Quienes conocieron a Don Bosco lo describieron como un hombre de oración: “Si queréis vivir según el espíritu de Don Bosco, no debéis perder de vista nunca su vida interior… la vida interior es el sentido spiritual que debe acompañarnos siempre, es la presencia en nosotros de Dios que es recordado, invocado y amado.” (Beato Filippo Rinaldi).

La oración, por lo tanto, hay que entenderla no como algo que hacemos, sino como una respuesta a Dios, que nos atrae continuamente. Es Dios quien toma la iniciativa. Nosotros somos invitados a responder con amor a Dios quien nos amó primero y nos llamó a ser. Como lo ha expresado Santa Teresa de Lisieux ‘la oración no es en primer lugar una actividad, sino una manera de ser con Dios. La oración tiene que ver con dónde está nuestro corazón en cada momento de nuestra vida, en las tribulaciones así como en los gozos.’ [32] Dicho con pocas palabras, la oración es dejarnos poseer por el amor de Dios que quiere entrar en una mutua amistad con nosotras.  Para crear esta amistad, necesitamos no solamente tiempo para la oración, sino que también, la conciencia de que ciertos estilos de vida facilitan u obstaculizan la oración.[33] Santa Teresa de Ávila enfatiza este aspecto de la oración como Amistad con Cristo[34] que contrarresta la tendencia narcisista del deísmo terapéutico moralista. A través de la práctica de la oración, el centro de gravedad se desplaza poco a poco del yo a Dios.    En este camino de oración es siempre importante ayudar al/a la joven a ser consciente de la imagen que tiene de Dios. A veces puede que haya un conflicto entre su ideas de Dios y el Dios que encuentra en la oración; el Dios que ha creado a su imagen y semejanza y el Dios de las sorpresas que irrumpe a través de la oración. La experiencia que he hecho con los jóvenes es a que a veces se vuelven analfabetos al tratar de comunicar qué acontece en su oración. Por eso es importante animarlos a que reflexionen sobre su experiencia, revisen su oración y tengan un diario de oración. Es de suma importancia introducir a los jóvenes en diversos métodos de oración y es esencial que tengan un método o una estructura en las primeras fases de la oración mental. Así como la construcción de cualquier edificio necesita de andamios, así en su comienzo la oración mental requiere de soportes que más tarde podemos abandonar en la medida en que se avance en la oración. Es crucial orar con las Escrituras porque ‘la Palabra de Dios da lugar a una relación personal con el Dios vivo.’[35]

¿Por qué la oración es tan esencial en nuestra vida consagrada, sea de la forma que sea? La respuesta es simplemente por qué  

 si rezamos menos, Dios se desvanece en la distancia. Se convierte poco a poco en una “idea” sin sentido y sin vida. Nadie quiere ser, relacionarse con o vivir con una idea; y tampoco la idea nos estimula en momentos de dificultad y de retos. Y es así como Dios deja de ser Alguien y se diluye hasta el punto de devenir una realidad distante y ausente… si dejamos de rezar por largo tiempo, ¡Dios “muere”!  … no en él, sino que muere en nuestros corazones. Dios “muere” como una planta mustia que hemos dejado de regar.’[36]

Como nos recuerda san Bernardo:

Si eres sensato, preferirás ser concha y no canal; éste según recibe el agua la deja correr. La concha no: espera a llenarse y, sin menoscabo propio, rebosa lo que le sobra… Hoy en la Iglesia hay muchos que actúan como canales, las conchas son demasiado raras… Debes aprender a esperar de esta plenitud antes de derramar tus dones, no intentes ser más generoso que Dios.”[37]

  1. Se adelantó de una carrera y se subió a un sicómoro para verlo, pues iba a pasar por allí (Lc 1,4)

Dios respeta esta chispa de deseo en su corazón y el esfuerzo que hace para disponerse a encontrar a Jesús. No ha encontrado nunca a Jesús antes, pero desea encontrarle. Como personas consagradas, sin duda cada uno de nosotros tiene su sicomoro personal donde Dios nos ha encontrado, per a un nivel más profundo, podemos preguntarnos, hoy, la vida religiosa ¿es un sicomoro para los jóvenes? ¿Les ofrecemos una atalaya desde la cual pueden mirar las cosas de otra manera, descubrir lo que es verdadero en lugar de las verdades falsificadas que a menudo se les venden? Nuestras comunidades religiosas ¿están dispuestas a jugársela por nuestra fe? Además de ofrecerles la posibilidad de encontrarse con Jesús, ¿acompañamos a los jóvenes en su camino con el Señor? El Papa Francisco escribe:

Invito a cada cristiano, en cualquier lugar y situación en que se encuentre, a renovar ahora mismo su encuentro personal con Jesucristo o, al menos, a tomar la decisión de dejarse encontrar por Él, de intentarlo cada día sin descanso. No hay razón para que alguien piense que esta invitación no es para él, porque «nadie queda excluido de la alegría reportada por el Señor» [1]. Al que arriesga, el Señor no lo defrauda, y cuando alguien da un pequeño paso hacia Jesús, descubre que Él ya esperaba su llegada con los brazos abiertos.”[38]

La creación de un clima comunitario donde los jóvenes pueden compartir su fe se hace cada vez más esencial en un mundo donde esta fe se ve relegada a la esfera privada y, a menudo, ridiculizada. En realidad, los jóvenes tienen un gran deseo de comunidad, un sentido de pertenencia y de seguridad en un mundo donde las relaciones se han vuelto bastante fragmentadas y donde falta compromiso.

Para un/a joven idealista, la realidad misma de la vida comunitaria puede llevar a un cierto desconcierto y hasta a una decepción. ¿Cómo respondemos a sus críticas? Es necesario discernir sus críticas: 1) como comunidad, debemos resistir a la tentación de volvernos defensivos porque estas críticas pueden ser ‘proféticas’, y es posible que nos estén retando a reavivar el entusiasmo inicial de nuestro compromiso original y que estén cuestionando varios estilos de vida a los que nos hemos ido acostumbrando. 2) Por otro lado, las críticas pueden venir de un idealismo que no aprecia nuestra humanidad herida y rota que requiere compasión.  A san Bernardo se le atribuye el haber dicho: “Si en tu comunidad no hay un miembro difícil, ¡sal a fuera para buscarle!” Si las críticas vienen de un espíritu crítico, acusador o enfadado, entonces, pueden ser una invitación al/a la joven para que mire que está pasando dentro de su corazón.  ¿Está siendo invitado/a a crecer en compasión, tolerancia, aceptación y hasta perdón hacia aquellos con quienes está compartiendo su vida? Es aquí donde el acompañamiento espiritual es esencial, porque puede haber una tendencia narcisista en ver la comunidad como algo que responde a mis necesidades, en lugar de aprender la auto-trascendencia para llegar a ser un don para los demás. Es necesario alcanzar un equilibrio entre acomodarse a nuevas exigencias que se nos están planteando a través de los jóvenes, y amablemente desafiarlos con la sabiduría que hemos heredado del tiempo y que exige prácticas cuyo valor no es inmediatamente visible.  

  1. Cuando Jesús llegó al sitio, alzó la vista y le dijo ‘ Zaqueo, baja aprisa, pues hoy tengo que hospedarme en tu casa.”(Lc 19,5)

Algo nuevo acontece en la vida de Zaqueo, ¡es la primera vez que alguien le mira de abajo arriba! Pero, ¿qué ha ocurrido en esta mirada entre Jesús y Zaqueo?  ¿Qué tipo de comunicación ha habido? ¿Qué tipo de intercambio?  Me atrevo a decir que la ‘mirada’ comunica el amor de Dios que transforma el corazón de Zaqueo que se ha encogido por varias razones, pero que se va a expandir de nuevo con amor. Zaqueo se experimenta a sí mismo como un ser amado por Dios que más tarde da lugar a su respuesta generosa porque ahora es capaz de escuchar su corazón.

El hecho de que Jesús se pare y le vea indica la esencia de la compasión y un primer paso necesario a la hora de guiar una vocación.  ¿Cuál es el punto donde el/la joven se encuentra con Jesús? En el mundo de los jóvenes hoy, muy probablemente éste es el ámbito de las relaciones sociales. Debemos pararnos, concienciarnos, verlos. Naturalmente Jesús aprovecha esta oportunidad para educar a la multitud que deja aflorar sus prejuicios. Jesús sabe cómo leer los corazones, pero conoce también su nombre – le llama Zaqueo. Al hacerlo, le cuestiona y le dice: “reconoce a aquel que te reconoce a ti. Yo te conozco, no de un modo genérico, como a los demás, sino en especial”. [39] Toda invitación vocacional es una llamada personal y se nos llama por nuestro nombre, como religiosos/as consagrados/as nuestra tarea consiste en facilitar este encuentro. El acompañamiento vocacional no debería tener como objetivo una formación espiritual en grupo para los jóvenes, sino que debería en definitiva apuntar a este compañerismo espiritual individual. El compañerismo espiritual personal del joven es “el elemento fundamental en toda pastoral juvenil y vocacional.”[40] Sin este compañerismo espiritual individual la formación grupal será incompleta.[41]

La historia de Zaqueo ilustra muchos elementos que encontramos en la llamada y en el camino vocacional de muchos jóvenes. Hay un deseo profundo de ser aceptados y amados. Así como no podemos eludir el contexto cultural en que los jóvenes son llamados, así tampoco podemos eludir su historia personal que los ha llevado a ese punto de búsqueda y de cuestionamiento. En general algo falta, ellos están en búsqueda, sus corazones también encogidos por sus experiencias de vida.  Sobre todo en la sociedad occidental, hay familias rotas y, en particular, de mi experiencia como director spiritual con jóvenes, existe lo que yo llamaría una ‘herida paterna’. Muchos jóvenes que experimentan a su padre como físicamente ausente, emocionalmente no disponible, o distante miran al director como figura substitutiva del padre. A menudo hay problemas con la figura materna, pero me parece que la ‘herida paterna’ prevalece tanto en los hombres como en las mujeres.  Naturalmente esta insatisfecha necesidad de afecto y de reconocimiento el/la joven la remplaza con el director spiritual porque el/la joven busca desesperadamente la aprobación/la atención que no ha recibido en su casa. Y esto conlleva peligros, porque si esta relación no se cuida con la debida atención, hay potencial para una relación de co-dependencia que puede desarrollarse en seducción y/o abuso. El punto focal debe seguir siendo la relación del/de la joven con Dios, y no la situación de los sentimientos del/de la joven, sino que le está comunicando Dios en y a través esas experiencias. Esto requiere entender bien lo que significa la ‘amistad espiritual’ de la que habla la tradición salesiana. Una de las cualidades que definen una amistad espiritual, y que la separa de la amistad natural, es que está centrada en el amor de Dios. Ya que la relación primaria que ha de ser compartida con los demás es el amor de Dios, entonces, esta relación es siempre triangular porque involucra el director, al/a la dirigido/a y, lo que es lo más importante, a Dios. San Francisco de Sales concluye que el Espíritu Santo es ‘el autor de esa amistad’ y las personas cuyos corazones están en el corazón de Dios atraen a otros en una misma unión’.[42] Este enfoque requiere una supervisión constante para evitar que la relación de la dirección espiritual degenere en una auto-gratificación para el director en la que se satisfacen sus necesidades.

Así como el joaneo ‘permanecer’ (μενω), la invitación de Lucas a Zaqueo reconoce la necesidad de ir más allá de la simple acogida de Jesús y habla de permanecer en él, quedarse con él, estar con él. En la historia de Emaús, también los discípulos invitan a Jesús a que se quede con ellos, pero aquí tenemos un reverso interesante porque es Jesús quien se queda con Zaqueo y lo hace sin demora – hoy.  ¿Cuántas oportunidades hemos perdido, nosotros los consagrados y consagradas, por no haber respondido a esta divina urgencia del hoy?  Dentro de la tradición salesiana, hemos sido animados por san Juan Bosco en nuestro acompañar a los jóvenes a entrar por la puerta delantera de su casa con ellos, y a dejar la puerta trasera de nuestra casa con ellos. Dicho en breve, debemos empezar por donde se encuentra el/la joven y caminar con él/ella para que su encuentro con el Señor y su estar con el Señor le permita escuchar la llamada de su corazón.  

Lo esencial para el/la joven que está discerniendo su vocación es como consagrados/as nosotros seamos y hagamos lo que decimos. Más que nunca, el/la joven necesita testigos del Evangelio. Como lo manifiesta san Juan Pablo II:

El hombre contemporáneo cree más a los testigos que a los maestros; cree más en la experiencia que en la doctrina, en la vida y los hechos que en las teorías. El testimonio de vida cristiana es la primera e insustituible forma de la misión[43] [Y sigue diciendo] Jesús proclama la « Buena Nueva » no sólo con lo que dice o hace, sino también con lo que es[44] … [Sigue] “se es misionero ante todo por lo que se es, en cuanto Iglesia que vive profundamente la unidad en el amor, antes de serlo por lo que se dice o se hace.”[45] 

Lo más significativo para ‘despertar la fe del/de la joven’ no es ‘lo mucho que instemos a los jóvenes a que amen a Dios, sino lo mucho que le demostremos que amamos a Dios’.[46]

  1. 6. Zaqueo bajó a toda prisa y lo recibió muy contento… Al verlo murmuraban todos… pero Zaqueo se puso en pie (Lc 19,6-8)

De muchas formas esta anécdota con Zaqueo nos ofrece una visión rápida de lo que es el camino vocacional.  A menudo al entusiasmo inicial siguen obstáculos y tentaciones que tratan de despistar al joven en su camino vocacional. Las voces negativas que surgen externamente de amigos, conocidos y hasta de la familia o de voces internas de dudas en el/la joven. Aquí debemos distinguir entre la voz negativa y la voz profética.  La voz negativa tendrá su fuente no en Dios y llevará al/a la joven lejos de Dios provocando sentimientos de desaliento, de duda y de no ser digno/a. La voz profética no priva nunca de esperanza al/a la joven, porque al mismo tiempo que reta al/a la joven, apunta la posibilidad de un nuevo camino adelante. Y en este momento una pregunta muy sencilla es: esta voz negativa ¿viene de Dios? ¿Está llevando a Dios? O ¿viene de otra fuente y me está alejando de Dios? Discernir una vocación en tiempos de cambio añade otra dificultad al director espiritual cuando el joven/la joven va cambiando en su camino de fe y vocacional. Nuestra tarea consiste en llevarlo/la de nuevo al corazón, donde experimenta como ser querido/a por Dios, y entonces debemos darnos cuentas también de lo que le tiene lejos de Dios.  

Llegamos aquí a unos de los elementos clave del acompañamiento vocacional que es el discernimiento. En ambientes religiosos se cita a menudo el término discernimiento, pero pienso que habría que hacerlo preceder del término ‘oración’. Es importante recoger información, reflexionar y discutir sobre este término, pero es un sine qua non que hay que llevar a la oración personal y comunitaria, citado porque ‘los caminos de Dios no son nuestros caminos’ (Is 55,8). Si planificamos eventos, organizamos y fijamos estrategias y definimos nuestro plan de acción – ¿nos llevará esto a renovar la vida religiosa? Las decisiones que tomamos en la vida religiosa ¿son meramente racionalistas y el acuerdo se basa en el mínimo denominador común? Más importante aún, ¿qué ocurre con la voz de la profecía en reuniones comunitarias? Jesús ¿actuó según un ‘principio democrático’ cuando reunió a sus discípulos para discernir la voluntad del Padre?  Si hubiera escuchado el consentimiento del grupo ¿hubiera tomado el camino de la cruz?  De esto se desprende que el discernimiento comunitario es bueno en la medida en que lo es la oración personal de las personas reunidas.  El discernimiento orante es uno de los mayores retos de la vida religiosa hoy. Este discernimiento orante está radicado en la oración personal y comunitaria que nos permite saber ‘si nos ponemos de pie’ sobre la roca que es Cristo.  Si esto no ocurre personalmente y en nuestras comunidades ¿cómo es posible acompañar a jóvenes en su camino vocacional para que descubran si pisan tierra firme?

  1. 7. “Mira, Señor, la mitad de mis bienes se la doy a los pobres, y a quien haya defraudado le restituyo cuatro veces más.” (Lc 19,9)

Lo que nos ilustra la historia de Zaqueo, en contraste con la historia del joven rico (Mc 10,17-31), es que solo la obra del Espíritu Santo puede transformar nuestros corazones.  Se trata de vivir el reto paulino:   ‘no os acomodéis a este mundo, antes transformaos con una mentalidad nueva, para discernir la voluntad de Dios, lo que es bueno, aceptable y perfecto.’ (Rm 12,2).  Un encuentro con Jesús es esencial para el camino de fe y el discernimiento vocacional, pero no basta. Miremos, por ejemplo, a los apóstoles.  Su encuentro con el Resucitado de por sí no los transforma, pero se les dice ‘quedaos en la ciudad hasta que desde el cielo os revistan de fuerza’ (Lc 24,49). Los Hechos Apóstoles dan testimonio de su transformación cuando se revisten del Espíritu.  

Si para el discernimiento es esencial discernir las ‘voces negativas’ para ver si vienen de Dios o de otra fuente, mucho más lo es identificar y vivir las inspiraciones de Dios. Como dice san Francisco de Sales, ésta es la senda más rápida hacia la santidad.[47] Además de ayudar al/a la joven a que identifique las inspiraciones de Dios que habla a su corazón, debemos leer también los signos de los tiempos para ver dónde el Espíritu se mueve hoy. ¿Por dónde identificaríamos hoy las inspiraciones en acto?  Este decaimiento en la vida religiosa hoy en día ¿es sencillamente una consecuencia del decaimiento de la práctica religiosa en general o como le gusta recordar al Papa Francisco es una llamada a ‘despertarnos’?  En contraste con las órdenes religiosas establecidas encontramos una nueva primavera en varios movimientos laicos que están floreciendo, junto con nuevas formas de vida religiosa. Por ejemplo, FOCUS[48] cuyo campo de misión son las universidades; Youth2000[49] involucrados en ministerio con jóvenes de la misma edad; Pure-in-Heart[50] que anima a los jóvenes a vivir la sexualidad según las enseñanzas de la Iglesia en medio de la ‘dictadura del relativismo moral’ (Papa Benedicto XVI).  Una vez campo exclusivo de la vida consagrada, hoy en día los movimientos juveniles laicales están respondiendo a las necesidades de los jóvenes sobre el terreno y esto lleva al nacimiento de vocaciones al matrimonio cristiano, a célibes comprometidos/as y también a la vida consagrada. Y mientras que la vida religiosa entra aparentemente en su estación otoñal, hay una nueva primavera entre muchos movimientos laicales en la Iglesia. La vida consagrada, ¿cómo puede responder creativamente a estos movimientos? ¿Estamos invitados a un nuevo espíritu de cooperación? Al estar acostumbrados a actuar desde una postura de poder y de influencia, ¿cómo nos sentimos a la hora de asumir un rol secundario donde estamos al servicio de esos movimientos laicos?

La vida religiosa está siendo desafiada por estos movimientos que ofrecen una crítica profética a nuestras instituciones. Cuando una institución trata de promoverse a sí misma y defiende el statu quo, termina con centrarse en qué hacer para seguir viviendo más que en la misión. Como lo manifiesta Mc Laren:

Cuando las instituciones nos decepcionan, surgen los miembros de una comunidad, se organizan y confrontan esas instituciones formando un movimiento. Podríamos decir que los movimientos existen para proponer a las instituciones unos cambios positivos. Los movimientos organizan a la gente para articular lo que no va en las instituciones y proponen lo que habría que hacer para que las cosas funcionen [51] […] Los movimientos pueden hervir a fuego lento en los márgenes durante años, llamando a puertas que no se abren nunca. Pero a veces un líder institucional abre una de esas puertas. Cuando se abre una puerta, los líderes institucionales y los líderes del movimiento pueden empezar a trabajar juntos, y entonces vida nueva irrumpe.[52] 

Si debemos dejarnos guiar por el Espíritu y si debemos ser personas llenas del Espíritu, los jóvenes no nos están llamando a cambios de fachada, sino más bien a una verdadera renovación. Es la vida interior la que está pasando por una profunda transformación, y no solo lo externo de la vida religiosa. La vida religiosa se encuentra en una afortunada encrucijada donde una vez más se revela la invitación de Dios a escoger la vida.[53] Al acompañar a los jóvenes en su camino vocacional, ellos se convierten en partícipes de la misión de Dios, más que ¡en nuestro objetivo!’[54] No podemos atraer a jóvenes para poder sobrevivir, tiene que ser un verdadero descubrimiento de lo que Dios los llama a ser. Hoy los religiosos estamos invitados como nunca a un espíritu de cooperación entre nosotros y con los movimientos laicales. Y estamos invitados a esta cooperación no simplemente porque pragmáticamente necesario, sino porque permite un intercambio en los dos sentidos de energía que ‘es el único antídoto a la entropía, al lento e inevitable decaimiento y a la muerte de los sistemas cerrados.’[55]

  1. Hoy ha llegado la salvación a esta casa…, pues también él es Hijo de Abrahán. Porque este Hombre vino a buscar y salvar lo perdido. (Lk.19:10)

Los jóvenes no son un grupo homogéneo: algunos son como Zaqueo antes de su encuentro con Jesús, con un vago sentimiento de que algo falta y buscan algo más; otros l igual que Zaqueo han encontrado al Señor, pero ya que el terreno no estaba preparado no tienen raíces; y otros son también como Zaqueo, han caminado con el Señor y se sienten enviados por Él. Estos son los jóvenes que hoy nos retan. Su entusiasmo, su idealismo, su deseo de compartir al Señor con otros es un reto al cinismo de aquellos que nos hemos asentados en un cómodo estilo de vida. No siguen la corriente porque han recibido nueva vida. ‘Solamente un pez vivo puede nadir contra corriente, el pez muerto es arrastrado por ella.’ (G.K. Chesterton). Despiertan en nosotros la llamada original:

“Al llamaros Dios os dice: “¡Tú eres importante para mí, te quiero, cuento contigo!” Jesús a cada uno de nosotros nos dice esto. ¡De ahí nace la alegría! La alegría del momento en el que Jesús me ha mirado. Comprender y sentir esto es el secreto de nuestra alegría. Sentirse amado por Dios, sentir que para Él no somos números, sino personas; y sentir que es Él quien nos llama”.[56]

Antes he planteado la pregunta: ¿los religiosos consagrados son un sicomoro para los jóvenes? Ahora quisiera reformular esa cuestión y preguntar: los jóvenes comprometidos ¿son un sicomoro para la vida consagrada? ¿Qué nos está enseñando el Señor por medio de ellos? De muchas formas los jóvenes han re-descubierto las verdades esenciales que hemos descuidado o que no hemos apreciado del todo. No hay duda de que estos movimientos juveniles están llamando a volver a un sentido renovado de devoción y veneración por la Eucaristía y por María. De muchas maneras se trata también de la visión que tenía san Juan Bosco cuando vio la Iglesia como un barco en aguas turbulentas guiada por el pontífice a través de los dos pilares de la Eucaristía y de María. Alienta observar el enorme respeto que estos jóvenes tienen por la Eucaristía y la sed que tienen de pasar tiempo en adoración eucarística. ¿Por qué la adoración es tan importante para esos jóvenes?  Quizás, porque es una de las pocas experiencias que se nos ofrece a todos nosotros en la que el enfoque no está sobre nosotros sino sobre el otro, sobre Jesús, sobre Dios. La adoración nos descentra y pone a Dios de nuevo en el centro. Podemos empezar a comprender que estamos llamados a entrar en comunión con Dios y con los demás. Es en este diálogo de corazón a corazón con el Señor que está realmente presente en la Eucaristía donde se da la obra de transformación.

Cuando nos hemos dejado encontrar por Dios, solo podemos cantar su misericordia. Y esto es lo que le ocurre a Zaqueo. Su camino con el Señor ha derramado sobre él el don de una vida nueva que quiere compartir con los demás. Ya no necesita agarrarse a riquezas materiales para tener compensaciones, porque ahora se experimenta como un ser querido por Dios. En esta historia ¿hay una llamada fundamental para nosotros como religiosos consagrados?  Hoy, somos muy conscientes de la disminución de la vida religiosa en el Hemisferio Norte donde a menudo asistimos a una “apología para el declive”… la disminución numérica y en los símbolos ha causado una sensación de incertidumbre y de desorientación.’[57] Sin embargo, si la prácticas religiosa está disminuyendo ¿por qué debería estar creciendo la vida religiosa? Los problemas son obvios cuando las comunidades envejecen y el número de religiosos jóvenes decrece. Y, sin embargo, sigo pensando en las palabras de Léon Bloy quien dijo:

Tenemos lugares en nuestro corazón que no existen todavía, y en ellos entra el sufrimiento para que puedan existir.

¿Podría ser ésta una buena descripción de la vida consagrada hoy al entrar más profundamente en el Misterio Pascual? ¿De qué nos hemos hecho ricos y al igual que Zaqueo estamos siendo llamados a soltar? En definitiva, no se trata de ‘resistir’ sino de transmitir. ¿Qué es lo que estamos transmitiendo? ¿Qué es lo que debemos soltar si realmente queremos transmitir lo que es dador de vida a la joven generación de hoy?

[1] Isabel de la Trinidad, He encontrado a Dios, Obras Completas, Vol.1, Ed. San Pablo, 1982, 179.

[2] ‘The Future of Love: A reading of Pope Benedict’s Deus Caritas Est’ en John Milbank, The Future of Love: Essays in Political Theology (USA: Cascade Books, 2009), 366. El Papa emérito Benedicto XVI comenta que ‘Dios ha elegido a toda la humanidad por su amor; y de manera más específica, he elegido a Israel y luego a María y a la Iglesia. María y la Iglesia son la Esposa de Dios Hijo’. Deus Caritas Est, n.10.

[3] Borrador original del Tratado sobre el Amor de Dios por San Francisco de Sales, cap. 5.

[4]  “El Cántico Espiritual,  stanza 1, pars 7 y 8 en Kieran Kavanaugh O.C.D. y Otilio Rodríguez O.C.D.

[5] François Corrignan, The Spirituality of St Francis de Sales: A Way of Life (Bangalore: S.F.S Publications, 1992), 12.

[6] Aletheia Kane OCD, [trans.] Complete Works of Elizabeth of the Trinity, vol.1 (Washington, ICS Publications, 1984), 183-184.

[7] Jean-Marie Howe, Secret of the Heart: Spiritual Being, (Kalamazoo, Michigan: Cistercian Publications, 2005), 35.

[8] Parker J. Palmer, Let Your Life Speak: Listening for the Voice of Vocation (San Francisco: Jossey-Bass, 2000), 4.

[9] Ibid, 3.

[10] W. M. Wright and J. F. Power. Trans. Péonne Marie Thibert. Francis de Sales and Jane de Chantal: Letters of Spiritual Direction (New York: Paulist Press, 1988), 112.

[11] Letter to Présidente Brulart, June 1607, Oeuvres Edition Annecy XIII: 289-292.  Hereafter, OEA.

[12] OEA V: 165.

[13] OEA IX:343.

[14] Eph. 2:10.

[15] Papa Francisco, Misa crismal, 28 de marzo de 2013.

[16] La alegría del Evangelio,  n.47.

[17] Philippe, Time for God, 46.

[18] Con relación a cómo el director puede beneficiarse de lo estudios psicológicos actuales, véase Carolyn Gratton, The Art of Spiritual Guidance (Bangalore: Claretian Publications, 1996).

[19] Pascual Chavez Villanueva, Venid y ved, La necesidad de la pastoral vocacional en ACTS, 409, (Roma,  2011)

30.

[20] M.P. Gallagher, Clashing Symbols: An Introduction to Faith and Culture (London: Darton-Longman-Todd, 2003), 130-1.

[21] Cf. Daniel O’Leary, New Hearts, New Models: A Spirituality for Priests (Dublin: Columbia Press, 1997), 22.

[22] D. Tacey, The Spirituality Revolution: The emergence of contemporary spirituality (Hove and New York: Brunner-Routledge, Taylor & Francis Group, 2004), 179.

[23] D. Walsh, After Ideology: Recovering the Spiritual foundations of Freedom (Washington, D.C.: The Catholic University of America Press, 1990), 99.

[24] Estudio presentado por el sociólogo Dr. Christian Smith, Melinda Lundquist Denton y sus colegas en la University of North Carolina (2000-2005).

[25] Christian Smith y Melanie Lundquist Denton, Soul-Searching (USA: Oxford University Press, 2005), 262.

[26] Kenda Creasy Dean, Almost Christian, USA: OUP, 2010), 10.

[27] Ibid, 77.

[28] Pascual Chavez, Actas del Consejo General, ‘Da Mihi Animas, Cetera Tolle’; Identidad carismática y cello apostólico, Roma, Direzione Generale Opere Don Bosco, no. 394 (julio-septiembre 2006), 9.

[29] Fr Patrick Hennessy SDB, ‘Salesian Youth Ministry in Ireland Today within a European Context’ en Journal of Salesian Studies 15 (2007), 136.

[30] Ignacio Larrañaga ofm Cap, Muéstrame Tu Rostro (San Pablo Editorial), 25.

[31] John Henry Newman distingue entre un valor que solo de palabra consideramos importante (valor nocional) o valor que vivimos en la vida de cada día (valor real).

[32] Aloysius Rego, Holiness for all: Themes from St Thérèse of Lisieux (Oxford: Teresian Press, 2009), 100.

[33] ‘No hay duda de que si damos nuestro tiempo a Dios, seremos capaces de encontrar tiempo para los demás también. Prestando atención a Dios, aprendemos a prestar atención a los demás. La oración nos da la gracia de vivir cada momento de la vida con una fecundidad aún mayor.’ Jacques Philippe, Time for God (London: St Paul’s, 2005), 30.

[34]‘La oración no es sino tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama.’  “La vida,” Capítulo 8 pár. 5, traducido al inglés por Kieran Kavanaugh, O.C.D. y Otilio Rodríguez, O.D.C., Collected Works of St Teresa of Avila, Vol.1 (Washington: ICS Publications, 1976), 167.

[35] San Juan Pablo II, Vita Consecrata, n.94.

[36] Ignacio Larrañaga ofm Cap, Muéstrame Tu Rostro (San Pablo Editorial), 27-28.

[37] San Bernardo, Comentario al Cantar de los Cantares, Sermón 1.

[38] La alegría del Evangelio n.3.

[39] Papa San Gregorio Magno, Homilía 25.4-5, en Oficio Divino III, 121*.

[40] Pascual Chavez Villanueva, Venid y ved, 32.

[41] Fr Louis Grech SDB, Salesian Spiritual Companionship with Young People Today Inspired by the Praxis and Thought of St John Bosco, Malta University, Tesis doctoral no publicada, 2017.

[42] W.M. Wright and J.F. Power, Francis de Sales and Jane de Chantal, Letters of Spiritual Direction, The Classics of Western Spirituality (New York: Paulist Press, 1988), 59.

[43] Redemptoris Missio, 42

[44] Ibid, 13.

[45] Ibid, 23.

[46] Creasy, Almost Christian, 120.

 

[47] Véase ‘Graced inspirations’ in Eunan Mc Donnell, The Concept of Freedom in the Writings of St Francis de Sales (Berne: Peter Lang, 2009), 280-301.

[48] FOCUS (Fellowship of Catholic University Students) es una organización laical que forma a jóvenes adultos para la pastoral universitaria que evangelizan a otros estudiantes por efecto multiplicador, es decir se forma a un estudiante para que acompañe a un pequeño grupo y luego cada miembro de este grupo acompaña a otro estudiante así que hay un efecto dominó, una reacción en cadena. www.focus.org

[49] Juventud 2000 es una iniciativa espiritual creada para atraer a los jóvenes a través de María a una profunda y perenne unión con Jesucristo, especialmente en la Eucaristía, ‘fuente y cumbre de la vida cristiana’. Dicho en breve, es una puerta que conduce a los jóvenes a la vida cotidiana de la Iglesia www.youth2000.ie

[50] En un mundo donde el sexo es a menudo considerado como una actividad recreativa más que una expresión del don personal, ‘Pure in heart’ trata de educar, inspirar y empoderar a los jóvenes para que vivan la teología del cuerpo y así puedan apreciar su sexualidad como un don.  www.pureinheartireland.com.

[51] Brian D. McLaren, The Great Spiritual Migration: How the Worlds’ Largest Religion is Seeking a Better Way to be Christian (London: Hodder & Stoughton, 2016), 141.

[52]Ibid, 143.

[53] Ted Dunn, Journey of Transformation: Challenges offered by “Younger” members, presentado en ‘InFormation’ (Marzo 2017), 3.

[54] Creasy, Almost Christian, 97.

[55] Dunn, Journey of Transformation, 10-11.

[56] Papa Francisco, Alegraos: Carta circular a los consagrados y consagradas hacia el año dedicado a la Vida consagrada (2014), 10.

[57] Nicla Spezzati, ASC, La vida consagrada en la Iglesia particular: Reflexión eclesiológica presentada en la Congreso internacional para Vicarios Episcopales y Delegados para la Vida Consagrada.  28-30 octubre de 2016.